miércoles, 2 de mayo de 2007

Sirenas



Varias muchachas subían al barco por una escalerilla. Salían del agua con sus cuerpos trepadores, las piernas rápidas y trepadoras también, el tanga puesto, las popas respectivas a la vista; el trasero redondo, resbalado de gotitas de agua salada y espuma de mar; los pechos destapados, libres, sueltos y brillantes.
Contemplábamos a las chicas ascendentes.
Las muchachas saltaban de alegría, secándose mutuamente los cabellos con toallas de rizo. Las había rubias, morenas, de todos los colores y tamaños –las toallas y las chicas-, unas cinco o seis muchachas deliciosas, frutales y deseables, cuyo número aumentaba sin descanso; no dejaban de subir desde el agua, entre algas, medusas y otras especies marinas. O bien había un criadero de sirenas en el fondo del mar, o bien el yate estaba surtido a fondo de formas femeninas.

Persio.

Extracto de La caída del guindo.

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