
Gavanido nos cuenta la historia de Etrulio, quien, socialmente presionado, decidió consagrar su vida a tener un cutis perfecto y, para abreviar, ingresaba mensualmente el cierto por ciento de su nómina a Nivea. Falleció de hambre a los pocos meses; pobre, joven y con un cutis envidiable.
Insisto: con un cutis envidiable.
miércoles, 10 de octubre de 2007
Todo por la cara
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Persio
a las
13:14
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