domingo, 2 de septiembre de 2007

La media naranja



Platón, en El banquete, pone en boca de Aristófanes el relato según el cual en principio existieron sobre la tierra unos seres en quienes extrañamente se mezclaban la naturaleza varonil y la femenina.

Caracterizado por su dualidad, cada ser tenía dos caras en una misma cabeza, cuatro manos y otras tantas piernas, cuatro orejas y dos sexos. Su fuerza y vigor eran prodigiosos. Tan prodigiosos que, poseídos de sí mismos, ambicionaron escalar el cielo e invadir la morada de los dioses. Mal podrían éstos consentirlo, pero tampoco querían deshacerse de los hombres y aniquilarlos, privándose entonces de los honores y ofrendas que de ellos recibían. Necesitados, pues, de los mortales, pero temerosos de su pujanza, los dioses olímpicos, con Zeus a la cabeza, decidieron cortarlos por la mitad, duplicando así su número, a la vez que le restaban a cada uno la mitad de su poder.
El corte desdobló la naturaleza del ser primitivo y dejó al hombre y a la mujer resultantes con la oscura convicción de que el suyo no era más que medio ser. Tras el corte, quedó en cada mujer y en cada hombre el anhelo de reunirse con la otra mitad –su media naranja–, que lo complementaría de nuevo.

Amando de Miguel