Festejado fue siempre el fervor erótico de los habitantes de Citeres, la isla consagrada a Afrodita. “Aquí todo está permitido”, decían, “con la condición de que culmine en la cópula, pues de lo contrario es puro vicio”.
De modo que aquel espectáculo les espantó. Durante varios días, en la playa, a la plena luz del sol, dos viciosos se abrazaban, se besaban, se acariciaban. Él, en opulenta erección, rugía de magnífico ardor. Ella lanzaba maravillosos himnos obscenos. Hasta ahí todo estaba en regla y no había nada que decir. Pero después de una hora de preparativos, él regresaba al bosque y ella se iba a nadar en las aguas del mar cretense. Los pobladores de Citeres no toleraron tanto escándalo y el centauro y la sirena fueron conducidos a la cárcel.
Marco Denevi
martes, 12 de junio de 2007
Un amor contra natura
Publicado por
Persio
a las
12:43
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